miércoles, 21 de octubre de 2015

El final de Gente Diferente

218 entradas es lo que ha dado de sí la historia de Robert y sus amigos, aunque no tardará en haber más, pues este sólo es un final temporal a la espera de que termine el siguiente libro de la trilogía. Hasta entonces, espero que hayan disfrutado del camino recorrido.

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miércoles, 14 de octubre de 2015

Gente Diferente 218

— Goya ¿te importaría llevar el barco un rato? No puedo pilotar y cargarme cosas a la vez.

Sara se sentó sobre la cubierta del yate y dejó que su mente se variara de los estímulos superfluos que la rodeaban. Dejó de percibir el ruido del motor, las tropas del Ejército Humano de Choque o, incluso, el agua que le salpicaba la cara. En esos momentos, para ella sólo existían los ordenadores de los helicópteros que les perseguían. Dos de ellos acabaron dando la vuelta ante la imposibilidad de seguir volando en esas condiciones y, un tercero, cayó al agua.

— Zac ¿qué tal vas con los barquitos? — Le preguntó Mandy.

El chico no contestó. En parte se debió a que el ruido del motor le impedía escuchar su voz, pero también porque estaba demasiado concentrado en lo que hacía. Le resultaba bastante complicado hacer encallar los barcos en sus corales sin matar a nadie. Aunque no tardó en pillarle el tranquillo. En cinco minutos una lancha, las patrulleras y una fragata, quedaron embarrancadas. Mientras tanto, Fire, que no tenía tantos remilgos usando su capacidad, consiguió que los motores de dos lanchas y un helicóptero explotaran en llamas.

— Tampoco te pases, — le pidió Andie — queremos pararles, no que acaben carbonizados cuando las llamas lleguen al tanque de combustible.

Fire hizo un gesto de resignación y ordenó mentalmente a las llamas que se apagaran.

— Goya — dijo Joan — ¿no puedes ir más rápido?

— Esto no da más de sí.

Cuatro tiros llegaron hasta el yate, uno de los cuales acertó a Zac en una pierna. En la siguiente ráfaga fue Fire el que fue herido en el hombro.

— ¿Estáis bien? — Preguntó Joan, mientras les ayudaba, junto con Mandy y Andie a entrar en el camarote.

— Ya estoy harta — Gritó Sara — ¡Idos a la mierda!

El resto de los helicópteros que quedaban, cayeron en picado al mar. Hubiera hecho lo mismo con las lanchas, pero una bala perdida le hirió en el brazo, rompiendo su concentración. Joan iba a correr junto a ella cuando vio a Hanu tirarse por la borda. La chica dudó unas milésimas de segundo mientras en su cabeza se agolpaban miles de preguntas: ¿de dónde había salido el mono? ¿cómo había llegado hasta allí? ¿por qué se ponía a nadar en el momento menos idóneo?... No tenía respuesta para ninguna de ellas, pero ya empezaba a estar acostumbrada. Lo único que sabía era que el langur quería que le siguiera. Así que Joan saltó al agua.

— Señor, uno de los monstruos ha caído al agua. — Informó el teniente del EHC a su superior.

— Que el comando E-1 se dirija a apresarlo. — Ordenó el general al técnico de radio. Acto seguido cogió los prismáticos y miró hacia donde le indicaba el vigía. — También diles que no le hagan ni un solo rasguño y que no es peligrosa. Es una traidora a su especie, pero no es PEC. Según los archivos requisados al Programa, es sólo la hija adoptiva del traidor Michael McLowell.

Una de las pocas lanchas que aún permanecían operativas se desvió hacia donde Joan acababa de caer y trataba de mantenerse a flote. La embarcación del general, en cambio, no varió ni un milímetro su persecución del yate en el que todavía seguían Zac, Sara, Fire, Mandy, Andie y Goya.

— ¡Atención! — El grito del general se pudo escuchar por encima del ruido de los motores. — Están disminuyendo la velocidad. Seguramente quieran entregarse, aunque puede tratarse de una trampa. Prepárense para el abordaje y tengan las armas listas para repeler un ataque.

El yate se paró por completo. La lancha más cercana se detuvo a su lado y de ella salió una patrulla de asalto en orden y con decisión, aunque no sin cierto miedo. La fragata del general fue acercándose lentamente hasta situarse a pocos metros. Sesenta M16 apuntaron a la cubierta.

— Teniente ¿han capturado a los monstruos? — Preguntó el general al jefe del grupo de asalto.

— Señor, aquí no hay nadie.    

Fin



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miércoles, 7 de octubre de 2015

Gente Diferente 217

— Nueva polémica relacionada con los PECs. — La voz del locutor salió con algunas interferencias del aparato de radio. — Hace unas dos horas, un comando del Ejército Humano de Choque ha entrado, tras obtener el permiso del Gobierno de Washington, en el consulado que los Estados Unidos de América tiene en Johannesburgo y retenido en el edificio al personal. Tan inusual medida se ha aplicado, según fuentes de la Secretaría de Estado estadounidense, como medida cautelar y forma parte de una investigación de la que se ha hecho cargo el EHC tras sospechar de que había PECs implicados. Las pesquisas comenzaron tras recibir en el consulado una factura de una compañía aérea en la que la cónsul y varios de sus cargos habían reservado unas plazas con carácter urgente con destino a Mascaté, la capital de Madagascar. Nada inusual salvo por el hecho de que ni la cónsul, ni nadie de su oficina había realizado esa reserva. Ante la insistencia de la compañía aérea que, incluso aseguraba poseer fotografías de la diplomática y sus compañeros subiendo al avión, se inició una investigación interna para aclarar cómo era posible que la cónsul, que pasó el día en su despacho reunida con empresarios de su país, pudiera estar volando a Madagascar en el mismo momento. Ante los primeros indicios que apuntaban a la participación de PECs, la Casa Blanca decidió delegar en el Ejército Humano de Choque. El Presidente Surafricano, por su parte, ha denunciado ante la ONU la teórica invasión del territorio que ha cometido el EHC, ya que estaba operando en su país después de que se le negara expresamente el permiso para ello. De los supuestos PECs nada se sabe. Su pista se perdió cuando salieron del aeropuerto de Mascaté y nadie fuera de lo normal se ha registrado en los hoteles de la capital malgache. El EHC ya está presionando a la isla para que les deje buscar a los fugitivos, pero no está claro que el Gobierno de Madagascar se lo con… ceda...

La voz del locutor se empezó a entrecortar hasta quedar completamente sepultada tras un irritante ruido. Mandie se levantó de su sitio y apagó la radio. Tampoco es que se escuchara demasiado bien con el potente ruido del motor del yate en el que viajaban.

— Fue una idea estupenda hacernos pasar por la cónsul y su equipo. — Se rió Sara reduciendo la velocidad de la embarcación lo suficiente para que pudieran mantener una conversación.

— Me da un poco de pena la mujer. — Respondió Joan sin soltarse de la barandilla a la que llevaba agarrada desde el principio del viaje.

— No te preocupes por ella. Por lo que pude averiguar, es una persona bastante mala.

— Es una fascista. — Apuntó Zac. — Pero fascista, fascista. De las de separar a negros de blancos en las escuelas. Se merece eso y mucho más.

— Además, así los imbéciles del EHC nos dejaron en paz. Que se pongan ahora a seguir la pista. Lo poco que había en los ordenadores de la compañía aérea con la que volamos de Madagascar a Mauricio lo borré y la taquilla del ferry a la isla de Rand no tenía ni luz eléctrica. Dudo que archiven los datos de los clientes. Eso por no hablar del tío al que le alquilamos el yate en la playa. Para cuando den con el rastro, ya estaremos seguros en la isla del sueño de Joan.

— Hablando de isla. — Dijo Fire. — Aquí no sale nada, pero deberíamos estar cerca. Eso en el caso de que exista, claro.

— Seguro que sí. Ten confianza.

— Vale Sara, pero mientras tanto, creo que sería bueno acelerar. — Le recomendó Mandy. —Tenemos compañía.

No le hizo falta girar la cabeza para saber a qué se refería. Era imposible, pero el EHC les había encontrado. Seis lanchas rápidas, dos fragatas, tres patrulleras y seis helicópteros iban tras ellos.

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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Gente Diferente 216

“Bienvenidos a Ciudad del Cabo, disfruten de su estancia” decía un cartel a la salida del aeropuerto.

— Por fin hemos llegado. — Dijo Sara tomando una bocanada de aire puro. El viaje había resultado muy largo y estaba agradecida por volver a estar en tierra firme.

— Pues todavía nos queda un vuelo hasta Port Louis, otro más hasta la isla de Rand y desde allí tomaremos un barco. — Apuntó Mandie con mucha menos serenidad que su amiga.

— Mañana se acabará. — Intervino Goya. — A estas horas…

La frase murió en los labios de la chica al ver que Fire hacía señales para que guardaran silencio y se escondieran detrás de una enorme columna.

— ¿Qué pasa? — Preguntó Zac malhumorado. — Estoy cansado, me duele la cabeza y quiero tomarme una cerveza. No me apetece jugar.

— Ahí hay un par de tíos muy raros. — Explicó Fire.

— Estás empezando a estar un poquito paranoico. — Comentó Andie. — Lo que no deja de ser algo normal en este grupo.

— Callad y echadles una ojeada. — Dijo Fire señalando a los dos hombres que habían levantado sus sospechas. Estaban hablando con uno de los vigilantes del cercano aparcamiento y vestían un uniforme extremadamente parecido al del EHC. La insignia que lucía en su pecho también era muy similar a la del Ejército Humano de Choque.

— ¿Qué hacen aquí? — Preguntó Joan asustada.

— Sudáfrica pertenece a la Conferencia ProPEC. Por eso cogimos esta ruta. — Dijo Andie. — No pueden operar en este país.

— Parece que ellos opinan de manera diferente. — Respondió su gemela.

— Vamos a tranquilizarnos un poco. — Propuso Zac. — Sara ¿puedes hacer siete reservas para el próximo vuelo? Da igual el destino.

— Si hay billetes no habrá ningún problema. — Contestó la chica. — Pero para quitárselos a otros pasajeros necesitaremos una excusa mejor que ser hackers.

— Por que es una cuestión diplomática. — Sugirió Joan.

— No es por ofender, pero tenéis poco pinta de diplomáticos. — Opinó Andie.

— Tú tampoco es que parezcas la embajadora alemana, precisamente. — Replicó Sara ligeramente ofendida.

— Yo me encargo de los detalles estéticos. — Se ofreció Goya.

— Bien, pero necesitaríamos largarnos a un lugar más discreto antes de que nos vean. — Dijo Zac.

Mandie les pidió que esperaran donde se encontraban y salió corriendo en dirección al aparcamiento. No tardó en regresar montada en una furgoneta blanca de tamaño considerable.

— Debería haberlo esperado teniendo en cuenta que eres un clon de Amanda. — Dijo Sara.

— Gracias. — Respondió la chica. — ¿A dónde vamos?

— Lejos de esos tíos. — Contestó Zac.

La chica pisó el pedal del acelerador, pero el vehículo en lugar de avanzar, se paró.

— Que nadie se preocupe, sólo es un problema técnico. — Dijo Mandie revisando el puente que le había hecho a la furgoneta. — En seguida se soluciona.

— Pues date prisa porque los del EHC vienen hacia aquí.

— ¡Arranca! — Gritó Fire. — Creo que la furgoneta es suya.

— Ya voy. — Replicó Mandie al tiempo que volvía a escucharse el ruido del motor.

— ¡¡Arranca, arranca, arranca!!

— Me estáis tocando las narices entre todos. — Chilló Mandy. En esa ocasión, al pisar el acelerador, todo sucedió como estaba planificado y la furgoneta se puso en marcha. — Ya está ¿contentos?

— Nunca había robado un coche. — Dijo Joan.

— Siempre hay una primera vez para todo.

— Podíamos ir a Johannesburgo. — Sugirió Goya.

— ¿No hay nada más cerca? — Preguntó Sara. — Debe haber unos mil kilómetros hasta allí.

— Podríamos quedarnos en un hotel de la zona hasta tener los disfraces a punto. — Propuso Fire.

— Y luego volver al aeropuerto. — Terminó Andie.

— De acuerdo. — Dijo Zac. — Sara, reserva algo en el centro de la ciudad. Goya ¿necesitas algo para hacer los disfraces?

— Estaría bien que os cambiaseis de ropa.

— Mandy, dejaremos el coche por las afueras y luego iremos al centro en taxi.

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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Gente Diferente 215

 

Capítulo 32

   

Zac apagó el cigarro en el cenicero de la terraza y entró en la habitación. Llevaban un par de días viviendo en un hotel de lujo de Rabat, la capital de Marrueco, a donde llegaron huyendo del Ejército Humano de Choque.

El dolor por las muertes de Robert, Nuria, Sean y Anne persistía, aunque se encontraban mejor. No es que lo hubieran superado, ni mucho menos, pero hacían como si nunca hubiera sucedido. Sin que nadie lo dijera, se había convertido en un tema tabú. Andie y Mandy lo omitieron por no hurgar en la herida de sus compañeros. Joan, porque siempre había sido una chica introvertida. Goya y Fire, porque no los conocían. Y Zac, por el endurecimiento que había sufrido su carácter. Él era el que más había perdido. Su mejor amigo había fallecido de una forma horrible y, casi, ante sus ojos. Le habían asesinado Sólar y Lungart, las personas que más aborrecía en el mundo. Y la culpa era de Michael, Eugène, Philip y el Programa PEC por haberles expuesto. Su pena era grande, pero el odio que sentía era mayor y acabó imponiéndose. Los chistes y las ironías desaparecieron, se le agrió el humor, su paciencia se redujo y, finalmente, tras comprobar que sus corales podían contrarrestar los efectos adversos que pudiera producir a su diabetes, empezó a beber y a fumar para escapar de la realidad.

Sólo Sara perdía, ocasionalmente, la compostura y se encerraba en el baño a llorar. Pero, ni siquiera ella, lo mencionaba y trataba de que sus compañeros no se enteraran de su sufrimiento. Ya tenían demasiados problemas tratando de llegar a la isla donde, según Joan, estarían a salvo. Para empezar, tenían que salir de allí. El EHC carecía de permiso para operar en el país, pero era patente que tardaría poco en conseguirla. Las presiones de los dos principales aliados europeos de Marruecos, España y Francia, empezaban a dar resultado y los primeros Hc de las patrullas Gibson magrebíes patrullaban ya por la capital. Los discursos diarios del gobierno también mostraban el progresivo cambio de actitud hacia el problema PEC y la presencia de tropas extranjeras en su territorio. Nadie dudaba que, en breve, el Ejército Humano de Choque entraría en el reino alauita. Las únicas cuestiones que preocupaban al grupo eran cuándo se produciría y si podrían salir del país antes de que ocurriera.

— Necesitamos tomar decisiones. — Dijo Zac. — No podemos seguir aquí.

— Estoy de acuerdo. — Respondió Mandy. — Deberíamos salir hacia Mauricio mientras podamos pasar la aduana.

— No hay vuelos directos entre Marruecos y la isla. — Les informó Sara. — Hay que hacer una escala.

— Entonces, habrá que buscar un país tranquilo. — Continuó Mandy, que parecía haber adoptado el papel de conductora de la conversación ante la pasividad de sus compañeros. — Si descartamos los que apoyan al EHC o están en medio de un conflicto armado deben quedar bien pocos. Cabo Verde, Sâo Tomé e Príncipe, Sudáfrica y el mismo Mauricio, que recuerde ahora mismo.

— De esos… — dijo Sara echando un vistazo a su portátil — me parece que sólo Sudáfrica tiene vuelos a Port Louis, la capital de Mauricio.

— Demasiado directo. — Opinó Andie. — Si nos siguen la pista, les será fácil encontrarnos. Podríamos dar un rodeo.

— No estoy de acuerdo. — Intervino Fire. — Me parece que asumimos más riesgos exponiéndonos en varios países. Y si dilatamos demasiado el viaje tratando de perderles puede que para cuando decidamos hacerlo nos encontremos con que el EHC controla Mauricio y el resto de África. Cuanto antes lleguemos, antes se terminará la persecución.

— Ya habrá tiempo de vivir encubiertos si algo sale mal. — Añadió Mandie. — De momento, intentémoslo. Estoy harta de hacer el idiota. Quiero dormir y salir a la calle sin tener que preocuparme por si hay una patrulla Gibson.

— Para ser un clon. — Dijo Zac. — Eres muy independiente. Cada día os parecéis menos.

— ¡¡Cállate!! — Le gritaron dos “primas” de Amanda a la vez.

— Rectifico, cada día sois más iguales. Bueno, a lo que vamos. Yo estoy de acuerdo con Fire.

— Yo también. — Dijo Andie.

Todos se quedaron mirando a la chica extrañados.

— ¿Estás de acuerdo?

— Sí, me habéis convencido. — Admitió la chica. — Yo también tengo derecho a cambiar de opinión.

— Pues si nadie tiene nada en contra, dejaremos el turismo para más adelante. Ahora sólo nos queda cómo salir de Marruecos ¿Sara?

— Según lo que Mandy y yo hemos averiguado, las patrullas Gibson no tienen, de momento, suficiente control o poder para sustituir a la policía, así que será sencillo. También hemos conseguido documentos falsos con nombres nuevos. Si queremos adelantar el viaje, sale un avión a Ciudad del Cabo a las diez de la mañana.

— Al menos, no tenemos ese mono tuyo para complicar las cosas en las aduanas ¿dónde lo has dejado?

— Desapareció en Heathrow. — Dijo Joan. — Suele hacerlo a menudo.

— Si es un dios, está en su derecho.

— ¿Queda algo más por decidir? — Preguntó Zac. — ¿Tenéis alguna duda?

Nadie dijo nada.

— Si ya hemos acabado, me voy a un bar a emborracharme para celebrar que por fin nos largamos de aquí ¿alguien me acompaña? — Sugirió Andie.

Zac, Fire, Goya y Mandy levantaron la mano.

— Nos vemos por la mañana. — Dijeron.

— Nos iremos temprano de viaje. Controlad cuanto bebéis. — Les aconsejó Sara.

— No te preocupes, no me gustaría marearme en el avión.

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